Capítulo 09: Solo queda la aceptación
No sé cuánto tiempo estuve inconsciente. Pero de lo que si estaba
segura era que aún no quería abrir los ojos. No deseaba para nada ver mi pijama
con manchas de sangre seca y tampoco ver por un rato a mis padres. La inconsciencia era muy apacible y segura.
Pero mi cuerpo no quería hacer
caso de lo que mi mente anhelaba. Sentí
que el vehículo no andaba y poco a poco mis ojos comenzaron a abrirse,
distinguiendo la luz de un farol de la carretera que se introducía por la
puerta abierta de la camioneta, dándome directamente en la cara. ¿Pero que
hacía la puerta abierta? ¿Acaso ya habíamos llegado a casa? ¿O acaso…?.
Se me hizo un nudo en la garganta
y sentí como se me puso la piel de gallina. Por la puerta entraba una gélida
corriente de aire. ¿Dónde estaban mis padres?
- ¿Papá?
¿Mamá? – susurré.
-
¿Sofy? ¡Qué
bueno que ya despertaste! – Dijo la voz
aliviada de mi madre – ¿Estás bien?
-
Si, ¿Dónde
estamos?
-
Decidimos
detenernos un momento mientras estabas
inconsciente, así no despertarías después tan maridada por el bamboleo del
auto.
-
Gracias –
Dije desperezándome un poco –Lamento haberme comportado así, creo que les añadí
una preocupación más. ¿Dónde está mi papá?
-
Esta afuera
tomando aire. Ya que te encuentras mejor podemos irnos a casa.
-
Ok –Dije. No
tenía muchas ganas de hablar.
Mi madre me acarició el pelo unos
segundos y luego se fue a buscar a mi papá. Aproveché el momento libre
para estirarme un poco, ya que la
“siestecita” me había hecho quedarme muy incómoda en el estrecho asiento trasero.
Cerré la puerta del vehículo para
entrar un poco en calor y me abracé las piernas. Hacía mucho frio y tenía los
labios congelados. Así que me estire para alcanzar la calefacción y prenderla.
Luego volví a abrazarme las piernas.
Bueno, ya no quedaba mucho que
hacer. Ahora sabía toda la verdad del asunto y no había más remedio que acatar
el plan. Me iría a Santiago y empezaría todo de nuevo. Nuevo ambiente, nueva
gente. Mi padre se quedaría aquí cuidando a Claudia. De solo pensarlo me daba
miedo de que le pasara algo aquí. Pero era necesario. No podíamos trasladar Claudia en las condiciones en las que estaba.
Luego estaba la familia de
Andrés.
Se me hizo de nuevo el molesto
nudo en la garganta y una especie de congoja apareció. ¿También él tendría que
convivir con esto? Él también debería cambiar todo lo que tenía aquí. También
su vida estaba en peligro .Me gustaría estar con él para cuando recibiese la noticia.
Vi a mis padres acercarse al auto
y el poco calor que se había producido
se esfumó cuando ellos abrieron las puertas.
-
¿Estás bien?
– Pregunto mi padre.
-
Si, solo
tengo un poco de frio.
-
Cuando
lleguemos a casa te darás una ducha y te quitarás toda
esa sangre pegada.
-
Ok.
El resto del viaje transcurrió en
silencio. Yo había reclinado mi cabeza en el costado del asiento y sentía que
el sueño me estaba venciendo. Pero no
quería dormirme aún. Necesitaba hacer una pregunta importante.
-
Papá… ¿En
qué puedo ser útil?
-
¿Cómo?
-
Digo… en que
les puedo ayudar. ¿Puedo hacerles más liviana a carga?
-
Siendo
prudente ayudarías mucho.- Dijo él en respuesta. – No hagas rabiar a tu madre
en Santiago y evita hacer cualquier estupidez que nos ponga en riesgo. De lo
demás nosotros nos encargaremos.
Mire a mi madre que me observaba
por el espejo retrovisor. Tenía una mirada consoladora.
-
No te
preocupes más. Solo cuídate. Gracias por comprender mi niña.
Asentí en respuesta y de ahí que
no hable más. Se me estaban cerrando los ojos.
Al cabo de rato
me percaté que de nuevo me había
perdido en el tiempo y no sabía cuánto había dormido, pero una curva brusca del
vehículo me hizo levantarme, dándome cuenta de que ya habíamos llegado a casa.
Pero no estábamos solos.
Una serie de patrullas policiales
y también de la PDI se encontraban en las afueras del lugar. Hombres con trajes
blancos salían de mi casa con bolsas en sus manos y otros entraban a su vez.
-
Ya llegaron
– Dijo mi padre.
-
Espero que
no se demoren mucho.- Respondió mi
madre.
Nos estacionamos donde hubo
espacio y mi padre salió a hablar con el encargado a mando. Mi madre abrió la
puerta trasera del auto para que yo saliera.
Sentí como algunas miradas se posaban en mí al ver mi manchado pijama.
Mi madre me condujo por entre los
oficiales y me llevó a casa. Me dijo que
si deseaba, podía ir a darme una ducha, pero le respondí negándole con la cabeza.
No era que no quisiera ducharme, es solo que no lo haría con la presencia de
toda esa gente mirándome curiosamente. Así que me quedé sentada en el sofá con
la cabeza reclinada en uno de los respaldos. Esperando a que las labores de los
oficiales cesaran.
Perdí de vista a mi madre y a mi padre
en cuento me dejaron sola en casa. Ahora solo veía más y más gente salir y
entrar con bolsas de plásticos, frascos y papeles. ¡Qué trabajo más engorroso!
Los párpados me pesaban y quería
dormir, pero había mucho ruido. Estaba aburrida y por alguna razón tenía
hambre. Me paré y fui a la cocina, otra vez bajo la mirada curiosa de la gente del PDI. Pero no les quise presta
tención. Abrí el refrigerador y saqué un
yogurt. Luego lo vertí en un cuenco y le puse cereales. Así se parecería más a
un desayuno.
Me fui a sentar de nuevo al sofá
y me quede nuevamente observando a los oficiales entrar y salir, solo que esta
vez tenía mi cuenco de cereales conmigo. Me reí. ¿Qué escena otorgaría mi
imagen? ¿Cómo se vería una niña con un pijama manchado en sangre, con la piel
pálida del frio, comiendo un cuenco de cereales relajamente sentada en la
esquina del sillón? Me reí otra vez, y un hombre que estaba cerca me miró
extrañado.
-
¿Se
encuentra bien?- Preguntó.
-
De
maravilla- Dije riéndome.
El hombre me siguió observando
extrañado por mi respuesta. Sacó su teléfono y llamó a alguien. Al cabo de unos
minutos una mujer se acercaba a mí con
un gesto confiado. Casi profesional.
-
¿Sofy? Hola,
soy Isabel Díaz. Estoy aquí por si
necesitas ayuda, si requieres decirme algo.
Así que la dama era una especie
de psicóloga.
-
Estoy bien.
Solo espero ducharme. – Dije llevándome una cuchara con cereal a la boca.
-
Digamos que
tu imagen no dice eso.- Replicó.
-
Tenía hambre
y solucioné el problema. Cuando ustedes se vayan me cambiaré de ropa.
-
Sofy, a
veces cuando pasamos por una experiencia traumática, desarrollamos mecanismos de
defensa, que más tarde pueden….
¡No por favor! ¿Enserio iba a
tener una charla post traumática? ¡Solo estaba comiendo cereales!
-
Mire, le agradezco
la intención de querer ayudarme pero estoy bien. No creo que me volveré loca
por esto.
-
No intento
decirte eso. Hace un rato mi compañero llamó y me dijo que te estabas riendo de
una manera muy poco normal.
-
¿En serio?
-
Nuestras
maneras de reacción son distintas en cada persona, y es deber ver que vayan por
un camino saludables ¿entiendes?
Al parecer esta mujer era muy profesional.
-
Entiendo. ¿Qué
quiere saber?
-
¿Por qué te
reías?
-
Me imagine viéndome
a mi misma manchada de sangre comiendo cereal. Era la imagen de una loca de
remate.
-
¿Eso te
pareció gracioso?
-
Si, se
parece a una escena de serie policiaca de televisión.
-
Ya veo. ¿Te
pareció extraño verte en una situación en la que nadie normal se vería nunca?
-
Algo así.-
Dije riéndome.
-
Bien, es una
reacción considerable.
-
Le dije que
estaba bien.
-
Y dime, necesito que me cuentes desde tu punto de
vista lo que sucedió aquí. Cómo encontraste a Claudia.
Sentí que la piel se me volvía a
erizar. Se me hizo un nudo en el
estómago. La mujer me observaba fijamente y al parecer se dio cuenta de mi
reacción.
-
Tranquila,
estas bien.- Dijo tocándome un hombro.
-
Pensé que la
declaración de mis padres sería suficiente.
-
Pero tú
fuiste la que presenció todo. Necesitas sacarte eso que viste. Puedes contármelo.
-
Ok.- Dije resignadamente.
Sabía que alguien me preguntaría al fin y al cabo. Le conté todo lo que había
visto y lo que paso después. Ella me observaba atentamente y podría jurar que
no pestañaba.
Cuando ya había terminado de
contarle la travesía de la denuncia alguien grito su nombre. El trabajo había terminado.
-
Bien Sofy,
me debo retirar. Gracias por tu ayuda.
-
No hay de
qué.
-
Si necesitas
algo o alguien por favor llámame.-Dijo tendiéndome una tarjeta.- El número está
allí.
-
Gracias. ¿Y
al final como fue mi reacción?
-
Creo que
fuiste valiente. Pero el shock viene después. Tienes que estar tranquila.
Respirar y tomar todo con seriedad.
-
La llamaré
si no lo logro.- Dije riendo.
-
Bien- Y me sonrió
mientras se despedía con la mano.
La mayoría de los oficiales ya se
habían ido, así que dejé el cuenco de cereales sin terminar y subí rápidamente las
escaleras. Entre a mi habitación sin detenerme a mirar cómo había quedado la de
Claudia. Cerré la puerta y comencé a quitarme la ropa a tirones, la sangre seca
me había comenzado a picar. Saque una toalla limpia y unos pantalones con una camiseta y corrí al baño cerrando la
puerta fuertemente. No sabía porque, pero mi respiración estaba agitada.
¿Así que esto se refería Isabel cuando decía que “el
shock viene después”? Me obligue a respirar calmádamente y me metí bajo el grifo de agua caliente,
siendo consciente que unas traicioneras lagrimas se escapaban de mi rostro confundiéndose
con el agua de la ducha.
-
Tranquila,
respira. Todo saldrá bien- Me decía mentalmente. Mientras me refregaba el cuerpo
con mucho jabón para sacarme la sangre seca.
Cuando salí me percaté que unas
me habían quedado unas manchas rojas por haberme lavado con brusquedad, Me
rodeé el cuerpo con una toalla y salí del baño. En mi habitación, termine de
colocarme la ropa y me puse un polerón para abrigarme. Ya estaba un poco más
calmada.
Respire profundamente una vez más
y decidida bajé las escaleras para encontrarme con mis padres. Otra vez no
quería ver la habitación de Claudia o sino perdería toda la calma.
Cuando llegué abajo me encontré con
la escena de mis padres abrazados en el sillón. Mi padre mirando la ventana y
mi madre con una expresión vacía.
Cuando mi padre me vio hizo un
gesto con la mano para que me reuniera con ellos, y sin vacilar llegue donde ellos estaban y fue parte de la
escena. Mi madre me rodeó con su otro brazo libre y me acarició el pelo.
Entonces cerré mis ojos.
Y así nos quedamos. En silencio.
Solos. Esperando el día de mañana.
Bueno, estuve mucho tiempo desaparecida, pero es que tercero medio es muy agotador. Más capítulos se vienen! Disculpen la demora
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