viernes, 6 de enero de 2012

El patio de los deprimidos


Capítulo 2: El final

Andrés me miraba estupefacto. Yo sabía lo que él estaba pensando. “esto es una broma” es seguramente lo que rondaba por su cabeza ahora. Sus ojos intentaban buscar en los míos alguna señal de que estaba mintiendo, pero al parecer no hallaron nada ya que soltó sus manos de las mías y se alejó un poco en sus silla.
-¿Qué? Preguntó.
Volví  a tomar aire y respondí: -Lo que te he dicho Andrés, me voy a Santiago y he venido a terminar contigo.
-¿Cómo?... ¿Así nomás? ¿Por qué?... ¡No! Sofy explícame. ¿Cómo que te vas? ¿Y eso de querer terminar conmigo?
-no hay mucho que decir…
-¡Pues explícame por favor!
- Ok. Me iré a Santiago mañana y no podré volver a verte nunca más porque nos quedaremos de forma permanente allá. Es por eso que he decido terminar… con…conti… contigo.. Porque ya no tendrá sentido… si ..si no nos vemos más.- Lo estaba perdiendo. Los gimoteos comenzaron a salir. Era mucha la pena acumulada-.
Andrés me abrazó fuerte, mientras yo mojaba su polera con mis delatoras lagrimas.
-Perdona Andrés. Yo no quería irme. Y no quería que esto terminara así, por la distancia. Por eso decidí ponerle fin a las cosas ahora. Lo siento, solo hago esto porque te quiero…..- La s palabras me salían rápidamente y me era difícil respirar.
-Sofy ¿En serio tú crees que la distancia será un impedimento? ¿Por qué sofy? No puede terminar así. Llevamos dos años juntos y sabrmos afrontarlo.
-No va a funcionar Andrés.
-¿Claro que sí! Escúchame. Si tienes que ir hazlo. Pero no es necesario que terminemos, solo porque no nos podremos ver mucho. Es obvio que perderemos algunas cosas, no nos veremos mucho, pero podemos llamarnos todos los días, hablar por chat, por e- mail, por facebook ,etc Tienes que pensar que esta distancia repentina es solo otro reto a superar y si nos queremos de verdad sabremos sobrellevar esto.
-Andrés no sé.
-Vamos… no podemos fallar ahora. Hay que intentarlo.
-¿Estás seguro?
-Completamente.- dijo
En su mirada no había ninguna señal de duda o inquietud. Solo una determinación poderosa. La seguridad que mostraron sus palabras me hacían sentir que quizás había alguna esperanza.
-No me digas que no te lo advertí. .- Él solo rio.
-Ahora dime Sofy: ¿Por qué te tienes que ir?
- La verdad, no tengo idea. Mi padre me dijo ayer que empacara todas mis cosas y que el lunes partiamos a Santiago. No me dijo  el porqué, pero que tenía que ser lo más rápido posible.
-Humm… es raro.- dijo
-Lo  sé.
-¿Y no le has hablado al respecto?.- dijo
-No he tenido tiempo. Todo ha sido muy rápido.
Nos quedamos en silencio un largo tiempo. Pensando. Pensando en la triste separación que se nos venía y como afrontarla.
Andrés miraba nuestras manos unidas, mientras que yo observaba  a foto que estaba sobre el velador. Era de nosotros. Estábamos tirados sobre la gran alfombra peluda de mi casa. La chimenea estaba detrás de nosotros y los tazones  con té sobre una mesa baja al lado de nosotros. Aún recordaba el momento exacto en que nos tomaron esa foto.
Ese día llovía igual que ahora. Era el cumpleaños de Andrés. Se lo íbamos a celebrar en mi casa. Mis padres y mi hermana estaban comprando, mientras que los padres de Andres estaban en la cocina preparando la torta. Yo hacía las tareas con Andrés. Ambos estábamos tirados sobre la alfombra con los cuadernos esparramados y los lápices de igual manera.
Yo escribí y Andrés me peinaba unos mechones de pelo que se habían soltado de mi moño. De pronto él me comenzó a dar pequeños besos en la frente, en las mejillas y yo me reía. Él estaba a punto de besarme en los labios cuando llegó su madre con una cámara gritando ¡sonrían! Y el flach nos impacto en la cara cegándonos por  unos segundos.
Ahora ese momento se convirtió en un grato momento,  impreso en una foto para siempre.
Andrés seguía en silencio. Luego recordé que alguien me esperaba afuera.
-Amor es hora de irme.
-No… quédate un poco más por favor.
-Mi padre está afuera Romeo.- me reí
-Llámalo y dile que pase a la casa y nos espere.
-No puedo, debo irme a recoger las maletas.
Se me hizo un nudo en la garganta. No quería irme. Todo era tan injusto.
-¡Ya sé! Grito Andrés.
-¿Qué pasa?
-Si tienes que irte hazlo. No te preocupes amor.
-¿Que se te ocurrió ahora?
-Yo te iré a ver.
-Pero no tienes dinero para ese viaje. Es absurdo.
-Si tengo el dinero. He ahorrado mucho para cuando se presentase alguna ocasión especial. Y ahora es cuando.
-¡¿Pero como vas a ir si tienes clases hombre?!
-Iré en las vacaciones de invierno. Y estaré  allá esas semanas.
La idea es buena.
-¿Qué te parece? Vamos ¡¿Qué dices?!
Su rostro mostraba emoción y convicción increíble. Dios ¡Vaya hombre con el que me he topado!
Me lancé encima de él y lo abrace con mucha fuerza. Nuestra relación costaría mucho, pero saldríamos adelante.
Andrés me dio un casto beso en los labios y cuando nos separamos comenzamos a reírnos. Una luz de esperanza había llegado.
Hice ademán de de despedirme pero él me detuvo.
-Espera, quiero darte esto. No es que me quiero poner meloso, pero sé que esto es de mucha importancia.
Tomó la foto de su velador y me la entregó.
-Pero… Andrés…
-Sé que no tienes esa foto, y yo tengo una copia en la computadora. Llévatela.
Tomé la fotografía y la apreté contra mi regazo. Andrés comenzó a acariciarme el  pelo y la mejilla.
-Te voy a extrañar Andy. Mucho.
-Yo también. Pero debemos salir adelante. Ten paciencia.
Una bocina comenzó a sonar. Mi padre ya estaba apurado
-Te quiero Andy.
-Te amo Sofy.
Y nos fundimos en un profundo beso. El último hasta que nos viéramos de nuevo.









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