La despedida
Afuera hacía una noche estrellada. La luna estaba llena. Los grillos cantaban su peculiar melodía y la lluvia caía suavemente.
Todo parecía un escenario perfecto para una despedida: Mi despedida. Pronto tendría que hacer todo lo que había temido en este día. Despedirme de Andrés.
Mis maletas estaban sobre la cama, listas para el largo viaje que se nos venía mañana.
Mi hermana, Claudia, lloriqueaba en la línea telefónica hablando por última vez con sus amigas. Yo solo pensaba en cómo decir adiós. Sabía que esta separación no tenía por que ser tan drástica, pero es muy difícil continuar un romance en la distancia.
Pero la decisión ya estaba tomada y no había tiempo para echarse atrás. Por lo que tomé mi chaqueta color café chocolate (mi favorita) y me arreglé lo mejor que pude. Porque si yba a terminar con Andrés, quería que él se llevara el mejor recuerdo de mí. Baje las escaleras y me encontré con mi padre en el living. Era la oportunidad perfecta.
-¿Papá me harías el favor de llevarme a la casa de Andrés?
-¿Para qué? Dijo él.
-Quiero despedirme de él. ¿Está mal? Dije cabizbaja.
Me miró con la duda marcada en su mirada pero al final accedió. Con un gesto de la mano me dijo que saliera hacia la puerta y él fue a por su chaqueta. Los dos salimos hacia afuera para tomar el auto.
El viaje a la casa de Andrés transcurrió silenciosamente. Yo miraba por el vidrio de la camioneta, recordando las palabras que utilizaría y que con alguna esperanza, harían esta despedida más amena.
La lluvia no cesaba y hacia frio. Al final llegamos a la casa de mi novio.
-Espérame. No me demoraré mucho.- dije
-No te preocupes Sofy. Tomate tu tiempo. No será fácil.- Respondió. Aun que… no es necesario que termines con él.
-Papá, de todas maneras, aunque no terminemos ahora, sería muy difícil mantener una relación con la distancia. Es mejor cortar por lo sano y dejar las cosas claras.
Mi padre me observó preocupado, y luego sus ojos cambiaron a resignación. Salí del automóvil y me dirigí hacia el umbral de la casa. Respiré hondo y toqué el timbre. Nadie habría. Volví a tocar.
-Ya voy….- gritó una voz desde dentro. Luego la madre de Andrés abrió la puerta.
-Hola cariño, ¿cómo estás.- preguntó ella.
-Bien, creo… ¿está Andrés?
- Si claro, pasa. Enseguida lo llamo.
-Eh… señora Inés, podría ir a verlo yo a su habitación. ¿Por favor? Necesito hablar con él en privado.
- Bueno aunque no me agrada que estén los dos solos en la habitación.¿No harán nada desagradable verdad?
-¡no! Como ¿cree? Solo quiero hablar.
La señora asintió y me permitió pasar. Subí las escaleras de la casa hasta la habitación de Andrés, que estaba justo al lado de ésta. Toqué la puerta.
-¿Andrés? ¿Se puede entrar?-
-¿quién es?
-Soy sofy.
-Entonces pasa. No tenias que preguntar.
Entre en su habitación. Esta serpia la última que vería. Las paredes blancas con poster pegados desordenadamente en ellas, que contenían las imágenes de sus grupos preferidos como Radiohead. Las fotos nuestras pegadas en otro extremo de la pared. Como un collage. Su Libros, su mochila tirada en cualquier lado como siempre. Su escritorio lleno de trabajos y CD. Y por supuesto, él. Sentado con aire despreocupado sobre la cama con un libro gordo en el regazo y unos audífonos en sus oídos.
En cuanto me vio, paró su lectura y se sacó los audífonos. Me regaló una sonrisa.
-Hola.- dijo. Se paró dejando su libro en el velador y fue a reunirse conmigo. Cerró la puerta y luego me abrazó con fuerza casi levantándome del suelo. Luego me bajo y me miro a los ojos sin soltarme. Me fue difícil pensar con sus manos en mi cintura.
-Te vine a ver y hablar de algo importante contigo.- dije.
-Entonces hablaremos, ven.- y me sentó en su cama. El trajo la silla del escritorio y se sentó en ella frente a mí. Tomo mis manos apretándolas ligeramente y me miró a los ojos.
-¿De qué quieres hablar?
-Humm… primero dime como estas.- dije
-Yo bien ¿por qué?
-Nada,¿ Es que acaso es muy raro preguntar como estas?
- No, es solo que a estas alturas ya deberías saber que siempre estoy mejor contigo.
-Gracias, pero no te pongas meloso
ÉL se rió y luego me dio un pequeño beso en los labios.
-Habla ya pequeña gruñona.
¿Cómo terminar con él? ¿Cómo acabar con un año de amor incondicional ternura y momentos felices? Lo amaba demasiado. Pero por el bien de ambos esto debía acabar. Dolía de solo pensarlo.
Le devolví el beso con toda la energía que me quedaba después de un triste día. Si esta iba a ser la última vez que lo besaría, debía sacarle todo el jugo posible.
El concluyo el beso y puso su frente sobre la mía.
-¿Que pasa sofy? Te siento extraña y lejana.
Este era el momento, luego no habría archa atrás. Levante mi mirada a sus ojos castalios oscuros, intentando memorizarlos para cuando no los viera más. Su rostro fino, su cabello rizado castaño oscuro, la redondez fina de su boca. Echaría todo eso de menos. Qué raro, yo una chica que en su vida había sido romántica, hablando de terminar con su novio de una manera tan melosa. Pero no lo podía evitar. Andrés ya me había cambiado.
Vamos niña. Te puedes hacerlo. No dolerá tanto después.
Respire hondo y pronuncie las deprimentes palabras.
-Me voy Andrés. He venido a terminar contigo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
escriban sus comentarios!!